sábado, 15 de junio de 2013

Historia del pueblo



Si cogemos la “Carretera de la Cabra” que parte del Suspiro del Moro llegamos a Otívar, en el extremo suroccidental de la provincia granadina, al pie de la Sierra de Cázulas y de la Almijara. En su término municipal nace el río Verde, que discurre por el valle que lleva su nombre y que riega las tierras de esta población, de Jete y de Almuñécar. La tortuosidad accidental, sus laderas abruptas, y unas fuertes pendientes son las características fundamentales que describen la geografía de esta zona.No existen datos fiables sobre los orígenes de este municipio, si bien su estructura denota su ascendencia árabe, típica de la Alpujarra baja, con calles estrechas y de pendientes pronunciadas. A pesar de no encontrarse hallazgos fiables, unos restos y la mención en varios textos dejan constancia de la existencia de una torre vigía sobre lo alto del cerro de Moscaril. Si bien se pensaba que había un castillo, la tendencia es a afirmar que lo que hubo en otro tiempo fue un puesto que controlase a los barcos y mediante señales de fuego avisase la llegada de barcos o naves invasoras al resto de torres distribuidas por la costa, algunas de las cuales pueden apreciarse en los municipios de Almuñécar y Castell de Ferro.Se cree que el nombre de Otívar procede del Euskera. Si bien es casi homólogo de Be-Otívar, valle de Guipúzcoa, podemos analizar el vocablo de la siguiente forma: tomamos el prefijo Be como “al pie de” o “bajo de”, Ot como el nombre del pico e Ívar como valle nos queda como resultado: “Bajo el Valle del Pico” 
Al parecer el pueblo se crea a raíz de aquella ruta del pescado que iba desde Almuñécar hacia Granada. La actual calle Venta era el lugar de descanso y reposo de los mercaderes y la calle Cargadero era donde descargaban las mercancías portadas por animales. Actualmente tiene una población de unos 1.200 habitantes, aunque en la década de los 50 llegó a tener unos 4.000. Este descenso ha venido como consecuencia de la emigración, principalmente a Cataluña, País Vasco y al extranjero.Antiguamente los vecinos de Otívar se dedicaban a trabajos en la sierra, tales como carboneros, madereros, cabreros y calereros. A orillas del río quedan también los restos de lo que fue una melcochera, cuidada por la familia jeteña de los “Canastas”, que proporcionó trabajo a los habitantes del pueblo hasta cerrar por no ser rentable. Una noria movida por agua del río que llegaba a una acequia impulsaba su maquinaria.Con posterioridad comenzó la implantación de los cultivos subtropicales, ocupando actualmente al 80 por ciento de la población. El 20 por ciento restante se dedica a los sectores secundario y servicios, especialmente a la hostelería, como actividad complementaria ante el incipiente turimo rural.De manera significativa cabe señalar la declaración de la Sierra de Almijara junto con las de Alhama y Tejeda como Parque Natural. Este fenómeno supone un impulso decisivo para el desarrollo del turismo rural en la zona.Su enclave natural, con fascinantes paisajes, permite la práctica de deportes de aventura como parapente, descenso de barrancos y senderismo.



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